Publicado en mayo de 1992, es el octavo disco de estudio de Iron Maiden y llegó en pleno auge del grunge y con el thrash ya consolidado. Fue el último trabajo con Martin Birch como productor y el último con Dickinson antes de su salida en 1993.
En su momento, el disco tuvo una recepción dividida entre la crítica, que lo consideró irregular y demasiado largo, con relleno entre los temas fuertes (unos 58 minutos de material). Comercialmente fue un éxito enorme en Europa: debutó en el número 1 de las listas británicas, aunque en Estados Unidos su rendimiento fue más modesto. Se destacó la solidez del single 'Be Quick or Be Dead', la balada 'Wasting Love' y sobre todo el tema que da título al disco, pero muchos reseñistas notaron una caída de inspiración respecto a 'Seventh Son of a Seventh Son' (1988) y una producción algo plana.
Con el paso del tiempo, la valoración ha mejorado en parte gracias al peso de 'Fear of the Dark', convertida en himno absoluto de los conciertos de la banda y favorita del público, sobre todo en Europa y Latinoamérica. Hoy se le suele ver como un disco de dos caras: un puñado de clásicos ('Fear of the Dark', 'Afraid to Shoot Strangers', 'Be Quick or Be Dead') junto a varias piezas olvidables. Suele situarse como un disco notable pero desigual y bisagra entre la era dorada de los 80 y la etapa de transición de los 90.