Publicado en 1991, llegó tras el éxito de 'No Rest for the Wicked' y en plena anunciada despedida de Ozzy de los escenarios ('No More Tours'). Sale en un momento de transición del metal, justo antes de que el grunge y el metal alternativo redefinieran el género, con Ozzy buscando un sonido más oscuro y maduro sin renunciar a las baladas.
El disco fue bien recibido por la prensa y fue un gran éxito comercial, con varios discos de platino en EE. UU. y un buen puesto en las listas. Se elogió su equilibrio entre pesadez y accesibilidad: el riff y el bajo hipnótico de la canción homónima, el groove de 'Mr. Tinkertrain' y la balada 'Mama, I'm Coming Home' (coescrita con Lemmy) se convirtieron en clásicos de radio y de MTV. Zakk Wylde se consolidó como guitarrista de primer nivel y el trabajo de Mike Inez y Randy Castillo dio una base muy sólida. Algunas críticas señalaron cierta irregularidad en la segunda mitad y una producción muy pulida y propia de la época.
Con el tiempo se considera uno de los mejores trabajos de Ozzy en solitario y, para muchos, solo por detrás de los dos primeros discos con Randy Rhoads. Su combinación de metal denso, ambientes sombríos y melodías de gran alcance ha envejecido bien, aunque hay quien prefiere el estilo más crudo de los años 80 o encuentra los teclados y el pulido algo marcados por su época. Sigue siendo un disco de referencia en la discografía de Ozzy, un clásico de los 90 y una puerta de entrada habitual a su obra en solitario.