Quinto álbum de Opeth, publicado en 2001 y producido junto a Steven Wilson (Porcupine Tree), quien aportó una paleta sonora más rica y moderna. Marcó el salto del grupo sueco de la escena de culto del metal progresivo y extremo a un reconocimiento internacional mucho más amplio.
A su salida, Blackwater Park fue recibido con elogios casi unánimes por la prensa especializada en metal. Se destacó la fusión de death metal melódico, rock progresivo setentero y pasajes acústicos, además del contraste entre los guturales y la voz limpia de Åkerfeldt. La producción de Steven Wilson fue muy aplaudida por su claridad, su profundidad y su atmósfera, y se la consideró un salto cualitativo respecto a Still Life y Morningrise. El disco amplió la audiencia de la banda y la consolidó como referente del metal progresivo.
Con los años se ha consolidado como obra maestra y suele aparecer entre los mejores discos de metal de su década y de todos los tiempos. Se valora su capacidad para construir largas composiciones dinámicas sin perder cohesión ni emoción. Entre las críticas habituales están la longitud y la complejidad de algunos temas, y que a ciertos oyentes les resulta menos extremo que el death metal puro. Aun así, se mantiene como la puerta de entrada más recomendada a la discografía de Opeth y como pieza clave del metal progresivo moderno.