Publicado en marzo de 1982, es el tercer álbum de Iron Maiden y el primero con Bruce Dickinson tras la salida de Paul Di'Anno. Llegó en plena explosión de la NWOBHM y llevó a la banda al número 1 en las listas británicas, con una polémica añadida por acusaciones de contenido satánico, sobre todo en Estados Unidos.
La crítica de la época recibió el disco con entusiasmo, aunque con matices. La prensa británica especializada destacó la ambición compositiva, la potencia vocal de Dickinson y la producción más nítida de Martin Birch. Algunos sectores lo vieron como un paso hacia un sonido más pulido y comercial, alejado de la crudeza punk de los dos primeros discos con Di'Anno. Comercialmente fue un éxito arrollador, con «Run to the Hills» como single de gran impacto, y la controversia por las acusaciones de satanismo (con quemas de discos en EE. UU.) acabó ayudando a su notoriedad.
Con el tiempo se ha consolidado como uno de los discos fundamentales del heavy metal y, para muchos, el mejor trabajo de Maiden junto a Powerslave y Piece of Mind. Hoy suele destacarse la perfección de sus tres últimos temas, con «Hallowed Be Thy Name» como cima del género, y su influencia enorme sobre el metal melódico, el power metal y el thrash. Las críticas retrospectivas apuntan a cierta irregularidad en la primera mitad, con «Invaders» y «Gangland» como cortes menores, pero el balance general es el de un clásico indiscutible.