Cuarto álbum de Metallica, publicado en 1988 y primero tras la muerte de Cliff Burton en 1986, con Jason Newsted como nuevo bajista. Es el punto culminante de su etapa thrash progresiva, con composiciones largas y complejas, y su primer disco con videoclip ("One"), lo que les abrió las puertas del gran público.
En su lanzamiento, el disco fue recibido como una obra ambiciosa y mayoritariamente aclamada. Las críticas elogiaron la complejidad estructural, la precisión de los riffs de Hetfield, la intensidad de las letras sobre corrupción, guerra y alienación, y la épica de "One", que se convirtió en su primer gran éxito en radio y MTV. Llegó al top 10 en EE. UU., vendió millones de copias y le dio a Metallica su primera nominación al Grammy, con la polémica añadida de que el premio a mejor interpretación de hard rock/metal fue a Jethro Tull. Esa derrota quedó como símbolo del desencuentro entre la industria y el metal.
Con el tiempo, el álbum se considera un clásico y el cenit del metal técnico y progresivo de la banda, aunque su valoración es bastante polarizada. La mezcla, con un bajo casi inaudible y una batería seca y con mucho protagonismo del bombo, es una de las críticas más repetidas, y muchos fans piden desde hace años una remezcla. También se le reprocha la duración excesiva de algunos temas y cierta frialdad frente a la espontaneidad de "Master of Puppets". Aun así, su influencia en el thrash progresivo y en el metal técnico es enorme, y sigue siendo un disco de culto para muchos.