Publicado en 1988, llegó dos años después de «Reign in Blood», un disco de velocidad extrema y apenas media hora de duración. Slayer decidió bajar el tempo y apostar por atmósferas más oscuras, melodías sombrías y una mayor variedad dinámica, en un momento en que el thrash vivía su edad de oro.
En su momento, «South of Heaven» recibió una acogida algo desconcertada. Seguir a un disco tan icónico y radical como «Reign in Blood» era casi imposible, y parte de la prensa y de los fans echó de menos la velocidad desbocada. Aun así, la crítica reconoció la valentía de la banda al ralentizar el ritmo, el protagonismo de la voz más melódica de Tom Araya y el ambiente ominoso del tema titular. Funcionó bien comercialmente y mantuvo a Slayer en la primera línea del metal extremo.
Con el paso de los años su valoración ha crecido de forma notable. Hoy se considera un clásico del thrash y una muestra de que Slayer podía ser siniestro e intenso sin recurrir solo a la velocidad. Canciones como «South of Heaven», «Mandatory Suicide» o «Dead Skin Mask»-style atmósferas (en la línea de «Spill the Blood») se citan a menudo como ejemplos de su faceta más atmosférica. Pese a ello, suele quedar un peldaño por debajo de «Reign in Blood» y «Seasons in the Abyss» en los rankings de la discografía, y la versión de «Dissident Aggressor» de Judas Priest suele recordarse como un añadido sólido pero no esencial.