Tercer álbum de Judas Priest y primero para un gran sello (Epic/CBS), tras el fracaso comercial de sus dos discos con Gull. Grabado en 1977 con Roger Glover (ex Deep Purple) como productor y con Simon Phillips como batería de sesión, supone el paso del hard rock progresivo de sus inicios hacia un heavy metal más afilado y rápido.
A la hora de su publicación, el disco fue recibido como un salto cualitativo importante. Su sonido, más potente, y la química de la pareja de guitarras Tipton/Downing mostraban a una banda que dejaba atrás el barroquismo de «Sad Wings of Destiny». La crítica señaló sobre todo la mejora en producción, el nuevo nivel de agresividad y la voz de Halford, y el álbum empezó a abrir al grupo el mercado estadounidense. Comercialmente fue un éxito moderado, pero suficiente para consolidar su contrato con Epic. Entre las reservas, hubo quien lamentó las baladas y la versión de «Diamonds and Rust», tan alejada del tono del resto.
Hoy se considera un disco de transición esencial y uno de los pilares del heavy metal clásico. «Sinner», «Starbreaker» y «Dissident Aggressor» se citan como anticipos del metal más rápido y duro, y «Diamonds and Rust» se ha convertido en un clásico de directo. Suele situarse un peldaño por debajo de «Stained Class» y «British Steel», por irregularidades de repertorio y por una producción que algunos ven demasiado pulida para el material más agresivo. Aun así, su influencia en el desarrollo del metal posterior es reconocida de forma casi unánime.