Cuarto álbum de Napalm Death, grabado en Morrisound (Tampa) con Scott Burns, el productor de referencia del death metal de Florida. Llegó tras la salida de Lee Dorrian y Bill Steer, con una formación renovada que dejaba atrás el grindcore crudo de 'Scum' y 'From Enslavement to Obliteration' para acercarse a un death metal más técnico y estructurado.
En su momento el disco dividió a la audiencia. Parte de la prensa especializada elogió la contundencia del sonido, la mejora técnica y la voz gutural de Barney Greenway. Muchos seguidores del grind puro lo vieron como una concesión al death metal de Florida, con canciones más largas, riffs más convencionales y menos caos. Aun así, funcionó como puerta de entrada al metal extremo para un público que no entraba en el ruido de los primeros discos, y reforzó el papel de Napalm Death como banda de referencia más allá del círculo punk.
Con el tiempo se ha reevaluado de forma más favorable. Hoy se considera un disco de transición sólido y a menudo infravalorado, y un precursor del deathgrind. Su producción es pesada y limpia, y las composiciones, con más groove y estructura, anticipan la fase más death metal de la banda. No alcanza el estatus de culto de sus dos primeros discos, pero casi nadie lo considera un paso en falso, y mucha gente lo defiende como uno de los trabajos más sólidos de su etapa temprana. Es posible que las ediciones con 17 temas incluyan material adicional de EPs, así que conviene comprobar la edición concreta.