Publicado en 2003 tras la salida de Jason Newsted, el paso de James Hetfield por rehabilitación y unas sesiones de grabación marcadas por tensiones internas, que se documentaron en el film 'Some Kind of Monster'. Metallica abandonó el pulido de los discos de los 90 y buscó un sonido crudo, directo y catártico, sin solos de guitarra.
St. Anger debutó en el número 1 de las listas de Estados Unidos y de muchos otros países, y ganó un Grammy a la mejor interpretación de metal por el tema homónimo. La crítica generalista fue dividida pero a menudo favorable al valor de la catarsis y al regreso a un sonido más agresivo. Parte de la prensa especializada y buena parte de los fans clásicos lo recibieron con dureza. Las críticas se centraron en el sonido seco de la caja, la ausencia de solos, la producción áspera, las canciones muy largas y repetitivas, y unas letras terapéuticas que no convencieron a todos.
Con los años, el disco se ha convertido en uno de los más controvertidos de la historia del metal, y para muchos es el punto más bajo de Metallica. Su reputación quedó muy ligada al documental, que mostró el proceso creativo y la fragilidad de la banda, y eso le dio cierta aura de documento humano. Hay un sector que lo reivindica como un trabajo valiente, visceral y honesto, con buenos riffs enterrados bajo una mezcla discutible. El consenso actual lo sitúa como un disco fallido pero interesante, más valorado como testimonio de una crisis que como colección de canciones.