Segundo álbum de los canadienses Annihilator, publicado en 1990 con Roadrunner, un año después del aclamado debut «Alice in Hell». Llegó con una formación renovada alrededor de Jeff Waters y con la presión de confirmar a la banda como una de las grandes promesas del thrash técnico.
«Never, Neverland» fue recibido con respeto por la prensa especializada y por los fans del thrash técnico. Se destacó su ejecución impecable, la superioridad de las guitarras de Jeff Waters y Dave Scott Davis, y el equilibrio entre riffs veloces, cambios de ritmo y pasajes más melódicos. Muchos lo vieron como una continuación sólida del debut, con algo más de oficio y madurez compositiva. Otros echaron en falta el impacto sorpresivo de «Alice in Hell». Se le criticó también cierta irregularidad en la segunda mitad y una producción algo más pulida y contenida.
Con el tiempo se considera uno de los pilares del catálogo de Annihilator, a menudo situado justo por detrás del debut en las listas de favoritos de los fans. Su influencia se aprecia en el thrash técnico y melódico posterior. Temas como «Road to Ruin» y el que da título al disco se mantienen como clásicos. Hoy se valora como un disco muy competente y técnicamente brillante, aunque no tan icónico como su predecesor. Su mayor mérito es consolidar la identidad de la banda antes de que sus rumbos estilísticos se volvieran más erráticos.