Grabado en 1993 en Bergen, quedó sin mezclar ni publicar tras el asesinato de Euronymous a manos de Varg Vikernes, el mismo bajista que había grabado en él. Salió en 1994 en Deathlike Silence Productions, el sello del propio Euronymous. Llegó rodeado de la notoriedad de la escena noruega: iglesias quemadas y un asesinato.
Al publicarse, el disco quedó muy condicionado por la tragedia y el escándalo, y buena parte de la atención se centró en el crimen más que en la música. Aun así, la prensa underground y los seguidores del black metal reconocieron enseguida que Mayhem había hecho algo distinto. Destacaban su atmósfera ritual, sus riffs gélidos y retorcidos, la batería de Hellhammer, precisa y técnica, y la voz grave, casi litúrgica, de Attila Csihar. La producción, más clara y limpia que la de otros discos de la escena, dividió a los oyentes, pero con los años se vio como una de sus virtudes.
Hoy se considera uno de los discos fundamentales del black metal noruego y del género en general, y aparece de forma habitual en listas de los mejores álbumes de metal extremo. Su influencia se nota en generaciones de bandas que buscaron un black metal más sombrío, ceremonial y técnico. Las críticas actuales señalan sobre todo el misterio de su origen (un disco fantasma de una formación rota por la violencia), la polémica sobre quién tocó cada parte y su carácter austero, poco accesible. Aun así el consenso es muy alto.