Cuarto álbum de estudio de los israelíes Orphaned Land, publicado en 2010 siete años después de «Mabool», con Steven Wilson (Porcupine Tree) como productor. Es un disco conceptual sobre un guerrero de la luz y la unión entre culturas y religiones de Oriente Medio, y mezcla metal progresivo y death melódico con música oriental.
El disco fue recibido con gran aclamación por la crítica especializada y por el público metálico. Se destacó la mano de Steven Wilson, que dio al sonido más calidez, dinámica y espacio, y también la madurez compositiva de la banda. La mezcla de metal extremo, progresivo, folk de Oriente Medio y arreglos orquestales y corales se percibió como ambiciosa y coherente, no como un simple adorno exótico. Muchos lo situaron entre los mejores discos de metal progresivo de 2010 y como el trabajo que consolidó a la banda fuera de Israel. Los reparos se centraron en la duración, en algún momento irregular de la segunda mitad y en que la voz gutural pesa menos que en etapas anteriores.
Con el tiempo se considera un clásico moderno del metal con influencias orientales y un referente del metal progresivo con mensaje de convivencia. Suele citarse junto a «Mabool» como lo mejor de la banda, y su discurso de paz y unión entre pueblos le dio un peso cultural que va más allá de lo musical. Sigue siendo un disco de escucha exigente y muy ligado a su concepto, por lo que no convence a quienes buscan un metal más directo. La edición con demos de 1992 e instrumentales se aprecia sobre todo como material para fans.