Colony (1999) es el cuarto álbum de In Flames y el primero con la formación que se mantendría durante años, con Iwers al bajo y Svensson a la batería, lo que permitió a Gelotte centrarse en la guitarra. Llegó en pleno auge del death metal melódico de Gotemburgo y se considera el disco en que la banda pulió su fórmula, con más sentido del riff, el estribillo y la producción, antes del giro de Clayman (2000).
Colony fue bien recibido por prensa y público del metal extremo como un salto de calidad respecto a The Jester Race y Whoracle. Se elogió su producción más nítida y contundente, la compenetración de las guitarras gemelas de Strömblad y Gelotte, la estructura más directa de las canciones y la voz más rasposa y variada de Fridén. Muchos lo vieron como el punto en que la banda conseguía el equilibrio entre agresividad death metal y melodía accesible. Fue clave para ampliar su base de seguidores fuera de Suecia y en el circuito de Nuclear Blast.
Con el tiempo se ha consolidado como uno de los discos esenciales del death metal melódico sueco, aunque casi siempre queda por detrás de The Jester Race en el afecto de los puristas y es visto como el eslabón entre la etapa más cruda y la más pulida y accesible de la banda. Los fans valoran su energía y su economía compositiva. Las críticas habituales señalan cierta uniformidad entre temas, un cambio de estilo que anticipa la simplificación posterior y unos interludios (instrumentales o experimentales) que no a todos convencen. Se suele situar entre lo mejor de la discografía clásica de In Flames.