Segundo álbum de Black Sabbath, publicado en 1970 a pocos meses de su debut homónimo. Se grabó rápido, con material pulido en directo, y se convirtió en el disco que consolidó al grupo comercialmente y fijó las bases del heavy metal y del doom.
En su lanzamiento, buena parte de la prensa rockera, sobre todo la estadounidense, fue fría u hostil con el disco. Lo vio como un sonido sombrío, repetitivo y simplista, y acusó a la banda de oportunismo con su imaginería oscura. El público opinó lo contrario: el álbum llegó al número 1 de las listas británicas y el sencillo «Paranoid» fue un éxito inesperado. Las letras sobre guerra, alienación, salud mental y miedo al apocalipsis conectaron con una juventud desencantada de la posguerra industrial.
Con el tiempo, la crítica revisó su postura por completo. Hoy figura de forma habitual entre los discos más influyentes del rock duro y es considerado piedra angular del metal. Se valoran la inventiva de los riffs de Iommi, el bajo melódico de Butler, la batería con aire jazzístico de Ward y la voz inquietante de Ozzy. Las objeciones actuales son menores: producción algo seca y desigual, y un final de disco menos ambicioso que el arranque. Aun así, su estatus de clásico es prácticamente incuestionable.