Publicado en 2015 en Nuclear Blast, fue el primer disco de Slayer tras la muerte de Jeff Hanneman en 2013 y el primero sin Dave Lombardo desde 2006. Gary Holt (Exodus) ocupó el puesto de guitarrista y Paul Bostaph volvió a la batería. Es además el estreno del grupo en un sello nuevo, tras su etapa con American Recordings. La edición deluxe añade material en directo grabado en Wacken 2014.
La recepción fue en general positiva, aunque sin entusiasmo desbordado. La crítica valoró que Slayer sonara agresivo y enérgico en un contexto muy difícil, con el listón de la ausencia de Hanneman. Se elogió la producción de Terry Date, más limpia y potente que la de 'World Painted Blood', y los riffs y solos de Holt y King. También se destacó el tramo central y final del disco, donde aparecen las piezas más memorables, como 'When the Stillness Comes' y 'Piano Wire' (esta última con material aportado por Hanneman). Debutó en el top 5 del Billboard 200 estadounidense y reforzó la vigencia comercial de la banda.
Con el tiempo se le considera un trabajo digno y sólido, pero menor dentro de la discografía de Slayer. Los críticos más exigentes y los fans clásicos echaron de menos el peligro, la oscuridad y la chispa compositiva de la época dorada, y notaron una cierta sensación de piloto automático en varios temas. Sin Hanneman, el disco no tiene la misma química creativa, y el tono más directo y de brocha gorda de King pesa en el conjunto. Aun así, suele verse como un cierre honorable que mejora a algunos discos recientes de la banda. Fue además el último álbum de estudio de Slayer antes de su despedida en 2019.