Debut del proyecto canadiense de Jeff Waters, publicado en 1989 por Roadrunner Records cuando el thrash empezaba a buscar mayor complejidad técnica. Salió de una maqueta que circuló mucho en el circuito de intercambio de cintas y situó a Annihilator como una de las grandes promesas del thrash técnico fuera de EE. UU.
Alice in Hell fue recibido con entusiasmo por la prensa metalera y por el público underground. Se elogió sobre todo el nivel de Waters como guitarrista y compositor: riffs endiablados, cambios de ritmo constantes, solos virtuosos y una producción nítida para un debut de thrash. Pronto se habló de él como un clásico instantáneo del thrash técnico y se comparó con lo mejor de Megadeth o Metal Church. Los mayores reproches fueron una voz algo irregular y que el disco entregaba más ingenio instrumental que cohesión emocional.
Con el tiempo se ha consolidado como uno de los mejores discos de thrash de finales de los 80 y como el trabajo más reverenciado de la banda, junto a Never, Neverland. Canciones como «Alison Hell» o «Human Insecticide» siguen siendo imprescindibles en su repertorio. Hoy se valora su ambición técnica, su energía y su influencia en el thrash técnico, aunque algunos oyentes consideran que su sonido es más frío y menos agresivo que el de los grandes del género.