Cuarto álbum de estudio de los suecos, publicado en 1997 tras el giro «death 'n' roll» de Wolverine Blues (1993) y Hollowman (1993). Llegó en un momento de cambios internos, con Nicke Andersson cada vez más centrado en The Hellacopters, y de dudas sobre el rumbo del death metal escandinavo.
DCLXVI se recibió como un disco sólido y con carácter, más oscuro y denso que su predecesor inmediato, y mantuvo la mezcla de riffs de death metal, actitud rockera y groove sucio. La crítica especializada destacó la producción contundente de Tomas Skogsberg, la voz rasposa de Petrov y varios temas de gran pegada. Se le reprochó, en cambio, cierta irregularidad y que no tuviera la frescura ni el impacto de Wolverine Blues. Tampoco recuperaba la crudeza del Left Hand Path o Clandestine, así que quedó entre dos aguas y no cautivó del todo ni a los fans del death clásico ni a los del death 'n' roll.
Con el tiempo se ha revalorizado un poco como pieza de transición. Muestra a una banda que quería ser pesada, melódica y rockera a la vez, y que sirve de puente hacia Same Difference (1998) y su etapa más experimental. Los seguidores de la fase intermedia de Entombed lo ven como un buen disco, a veces infravalorado. Sigue sin figurar entre sus obras imprescindibles, y la duración, junto con las versiones y extras de algunas ediciones, hace que la experiencia sea desigual.