Primer disco en solitario de Bruce Dickinson en 19 años, desde Tyranny of Souls (2005). Llega tras superar un cáncer de lengua en 2015 y está ligado al universo del cómic y la serie multimedia «The Mandrake Project», que él mismo concibió. Reúne de nuevo a Dickinson con Roy Z, su colaborador clave de los años noventa y dosmil.
La recepción fue mayoritariamente favorable. La crítica especializada celebró que Dickinson no se limitara a reciclar la fórmula de Iron Maiden o de sus discos clásicos Accident of Birth y The Chemical Wedding. En su lugar ofrecía un trabajo ambicioso, oscuro y variado, con épicos de largo aliento, pasajes atmosféricos y baladas teatrales. Se elogió sobre todo su voz, que sigue siendo expresiva y potente a su edad, y el trabajo de Roy Z con los riffs y el peso del sonido. También se valoró la coherencia conceptual y el tono introspectivo, marcado por temas como la mortalidad, la fe y la manipulación.
Los reparos se centraron en la duración (en torno a 65 minutos) y en cierta irregularidad. Algunos temas se alargan o se apoyan en estructuras previsibles, y las baladas no siempre alcanzan el nivel de los mejores cortes. Parte del público esperaba un golpe de efecto comparable a The Chemical Wedding y encontró un disco más sombrío y menos inmediato. Con el tiempo se ha consolidado como un regreso sólido y digno, uno de los mejores trabajos de su carrera en solitario. No se sitúa al nivel de sus obras cumbre, pero muestra a un artista aún creativo.